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miércoles, 16 de noviembre de 2011

The Walking Apes

Liándome más de lo previsto en casa del señor naranja, me veo a las 4:18 de la mañana actualizando el blog. No es que lo haga por no faltar a mi palabra, (cosa que en las últimas semanas ha quedado patente que poco me importa) si no que me encanta trasnochar y sentir que ahora mismo todo el mundo duerme...


En estas horas en las que reina Morfeo he decidido no hablar de nada personal ni filosófico, por cambiar un poco y variar. El caso es que me ha dado por entrar en seriesyonkis, mítico, ¿eh? Y como ya he repasado, visto y revisto todas mis series favoritas, me he atrevido a visualizar algo nuevo. Yo, he aquí, amante del cine de terror dónde los haya, descubro un título: The Walking Dead. Efectivamente, es una serie reciente en la que el mundo se ve asolado (por vigésima vez) por una infección de zombies. Nuestros protagonistas, intentan huir de un lado a otro por EEUU para sobrevivir el mayor tiempo posible.


Ya medio aturdido por el sueño se me dio por pensar... ¿y si pasara de verdad? o más bien... ¿os habéis imaginado alguna vez cómo sería esa situación con vuestros amigos y seres queridos? Yo, a base de aburrimiento, me dio por planteármelo. El resultado creo que sería más o menos este:


Tras días de aceptación sobre lo que está pasando y ya a punto de agotar la batería del móvil de tanto llamar a casa (sin respuesta) nos da por llamarnos de mono en mono. Después de juntarnos de manera dificultosa, acabaríamos atrincherados en alguna de nuestras humeantes casa. Pongamos que es la mía, ya que soy yo el amo y señor de esta burda fantasía. Llantos, llantos, más llantos y dudas de qué hacer, a dónde ir y qué va a pasar. Tras muchos consuelos las reservas de comida escasearían, y más aún tratándose de mi casa.
Cuando el hambre apriete necesitaremos alimento y el señor Rosa tiene migrañas... Lo más cauto, afirmaría Azúl, es coger el coche y huir a las montañas. ''Buscar alimentos, cargarnos y marcharnos lo más lejos posible en algún lugar alto y poco transitado dónde dichas criaturas no pasarán jamás'', afirmaría.
Dicho y hecho, tras hora y media de viaje llegamos a sinuoso y frío descampado en dónde puebla el silencio. Felices por el éxito del plan, los días pasan y la incertidumbre de un futuro incierto cada vez es mayor. Rosa no ha mejorado de sus migrañas y para colmo la fiebre le ha subido. Rosa, a su lado, le acaricia y consuela con palabras de amor mientras los 3 restantes dudamos cuál es la siguiente decisión a tomar para proseguir nuestro camino. La desesperación trae consigo discusiones, Rosa pide que sigamos sin él y todos nos negamos, los gritos llegan y con el enfado... el rastro que traerá nuestro fin. Los gritos cesan con el ruido de los pájaros abandonando los árboles de forma violenta. Tras la colina, un grupo de unos 200 muertos vivientes se acercan de forma rápida y feroz. Difícil es dar las malas noticias al resto de la manda tan mona que fuimos durante años. Muchos momentos juntos que se desvanecerían para siempre. Sentándonos juntos bajo un árbol, con fiebre, abrazos, lágrimas, confusión y más apretados que en la cola de un concierto de Lady Gaga. Cuando ya el silencio previene el final, Un codazo del señor naranja me sorprende en el costado preguntándome: ''¡Oye!... ¿Un último cigarro?


Y es que seguramente todos tengamos formas mucho más horribles o angustiosas de morir, ¿al lado de quién? ¿en dónde? No lo sé, a veces me agobia pensar en ello cuando no tengo sueño como hoy. Tengo tantos planes y la mayoría son para un futuro a 10 años de mi. ¿Y si llegase a saber que no dispongo de ese tiempo? ¿Que todo cuánto sueño se quedará conmigo en esta cama y jamás de materializará?... Un blog es algo demasiado impersonal para hablar de cuáles son esos sueños, sin embargo, quisiera exponer que esa ridícula manera de morir que he descrito antes, al lado de mis monos, sería algo bueno dentro de ese siniestro mundo desconocido que es la muerte. Tal como dijo Martin Luther King Jr. ''Si no eres capaz de morir por algo, es que no mereces vivir''. Por ello, os invito a que hagamos un pacto todos aquellos que lean esto y aunque con vergüenza, digan a todas las personas que aprecian, que así es. Porque esta misma noche puede ser mi fin, y ¿quién sabe dónde estaremos en 3 o 4 años? De modo que...


Te Quiero, O, por lo que sabes y lo que no, por aguantarme en mis malas mañanas. Por entenderme cuando estoy nervioso sin motivo y no parezco encajar en ningún sitio. Por abrazarme con amor y odio golpeando mi pecho pidiendo una explicación.


Te quiero mamá y papá, por todos mis caprichos y por enmendar mis errores. Por enseñarme que desde vuestra alta perspectiva de experiencia, el mundo es muy distinto. Por hacerme enfadar reconociendo más de lo que me gustaría que siempre tenéis la razón.


Gracias, a toda mujer, hombre o niño que alguna vez me haya brindado una sonrisa a cambio de nada.


A Alicia, por demostrarme que la gilipollez habita en dónde menos la esperas.


A mis tíos, primas y ex compañeros de instituto, por haber sido tan fugaces como inolvidables.


Gracias a mis sueños por mantenerme en pie todo el día.


Gracias y amor para todos aquellos que en su buena fe, me ayudasen a mi y a los míos en un momento de necesidad.


Gracias a las críticas constructivas que me hacen intentar mejorar.
Perdón, ahora, a quién haya hecho algún mal sin intención alguna. Por todas aquellas veces, si alguna vez el mal humor me llevó por el mal camino y no actué como era debido.


A F, por no saber ser todo lo perfecto y bueno que debiera


A J, por abandonar tu sueño


A Dios, por perder mi esperanza en él y en su puta aristocracia de jugar al escondite


Reservo, únicamente esto para el final, y es que si alguien ha contribuido a formar lo que soy, o por desgracia dejo de ser hoy en día, sois vosotros, mis monos


Os quiero, hijos de puta.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Me gusta...

Me gustan los que se callan y me gustan los que cantan.
Y de tanto andar conmigo me gusta lo que me pasa.
Me pasan cosas como estas...
Aunque no tenga importancia andar contando a todos
todas las cosas que pasan.
Porque uno no vive solo y lo que a uno le pasa
le esta sucediendo al mundo; única razón y causa.
Pues todo es tan perfecto, porque perfecto es Dios,
Que se mueve alguna estrella cuando arranco una flor.
Por eso si hay uno... hay dos.
Supe del diablo la noche que al hambriento dije "No"
También esa noche supe que el diablo es hijo de Dios.
Ando solo por la vida dominante con un tono
modestamente cantor sin pretensión de enseñar,
Porque si el mundo es redondo, no se que es ir delante.
Andar y andar siempre andando nada más que por andar.
No vine a explicar al mundo, solo vine a tocar.
No quiero juzgar al hombre, al hombre quiero contar.
Mi condición es la vida y mi camino cantar
Cantar y contar la vida, es mi manera de andar.
Un día llegue a Tandil y conocí a un anciano,
Que a falta de inteligencia, se le dio por ser muy sabio.
Le pregunte por Jesús una noche al viejo,
Y ahí mismo lo conocí; cuando me alcanzó un espejo.
Yo bailo con mi canción y no con la que me tocan,
Yo no soy la libertad; pero si el que la provoca.
Si ya conozco el camino, para que voy a andar al costado,
Si la libertad me gusta, para que voy a vivir de esclavo,
Elegir yo siempre elijo, más que por mi, por mi hermano
Y si he elegido ser águila, fue por amor al gusano.
Prefiero seguir a pie y no en caballo prestado
Alguien por una manzana se quedó endeudado.
Siempre llega
primero el que va mas descargado
El día que yo me muera no habrá que usar la balanza,
Pues para velar a un cantor con una milonga alcanza.
Doy la cara al enemigo, la espalda al buen comentario
Pues el que acepta un halago empieza a ser dominado
El hombre le hace caricias al caballo,para montarlo
Perdón si me propasé y me puse moralejo
Nadie puede dar consejos,
no hay hombre que sea tan viejo.
Me pongo el sol al hombro y el mundo es amarillo.
Me gusta andar, pero no sigo el camino,
pues lo seguro ya no tiene misterio,
me gusta ir con el verano, muy lejos,
pero volver donde mi madre en invierno
y ver los perros que jamás me olvidaron
y los caballos...
y los abrazos que me dan mis hermanos.
Me gusta, me gusta.

Pero ser feliz no es mi color de identidad.


Sr. Mono Violeta

jueves, 8 de septiembre de 2011

Till the End

Desde que me levanto hasta que me acuesto, muchas veces es lo único en lo que pienso. Tengo migrañas, estoy nervioso y siento que tengo menos capacidad de acción sin ella.
Tenerla dándome la mano es como un dulce regalo que aunque mil veces la daría de lado, siempre vuelvo a por ella porque sé que nada significa lo mismo sin su presencia.
Sigo sin entender como nadie lo ha calificado como el olor más maravilloso del mundo. Como su tacto suave y sensible no es objeto de más masturbación entre jóvenes y adultos.
Es extraño, pero creo que ha ejercido tal poder sobre mi que a veces quedo con la gente y si ella no está siento que ni me apetece hablar. Me falta motivación, pasión, deseo... parece como si ella fuese todas esas cosas.
Hace ya años que la conozco y le agradezco que nunca me haya sentido solo. Le agradezco profundamente que me diese calor cuando yo tiritaba, que me relajase cuando estaba nervioso, que me hiciese compañía rodeado de extraños. Lo cierto es que aún cuando no estaba allí, no paraba de pensar en que así fuera.
Mañanas como hoy me despierto y me pregunto ''¿dónde estará?'' ''¿Algún cerdo estará viéndola o lo que es peor, tocándola?''
Creo que mi pasión por ella ha alcanzado un límite enfermizo llegando hasta a sentir celos de quién únicamente deposite sus ojos sobre ella... Tan blanquita, tan juguetona. Siento que en el fondo las leyendas populares tienen razón y una vez la ves, quedas prendado de ella como un hechizo mágico y desde ese día eres esclavo y le perteneces hasta el fin. Da igual que tengas hobbys, aficiones o motivos por los cuales sentirte vivos porque sabes, que nada sería igual sin ella. Porque sabes, que te perseguirá hasta cuando mires un trozo de hierba seco y defecado que nada tiene que ver en el asunto, pues aún en esas situaciones estará en tu cabeza.
Hoy me despierto rendido, no lo aguanto más y quiero hacerlo público que la necesito. Que necesito su suavidad, su blanqueza, su rabia interna. Que necesito un poquito de ella para que los muros que sostienen mi mundo no se vengan abajo. Que los días son demasiado largos y las noches demasiado cortas y sin pasión sin ella. Que no tengo ganas de hacer nada sin ella. Que quiero sentirme sucio y cedo, cochino y depravado de tanto unirme a ella. Quiero apestar a su fragancia lejana. Quiero morir, pero que sea con ella dentro de mi y pueda descansar en paz para siempre sabiendo que yo he muerto por algo y hay quién no tiene ni motivos para vivir. Necesito todo eso y lo necesito ya, porque sé que una vez que roce mis labios volveré a ser yo. Volverá a crecer mi melena y mis habilidades con la guitarra rozarán la locura. Necesito abrir los ojos y verla a mi lado cada mañana...
No pienso seguir, me voy a por ella pase lo que pase. Creo que nadie debe vivir mintiéndose y ya me he mentido bastante. Os ruego, que si la habéis conocido, aunque sea de vista, no dejéis que se escape. Yo lo tengo muy claro y voy a por ella. Necesito... un cigarro.

Sr. Mono Violeta

martes, 30 de agosto de 2011

Mucho placer, poco sexo.

Son las 7 de la mañana y aunque el día se presenta nublado, ya empiezo a ver como se hace de día. Llevo enamorado de este ritual desde que era pequeño. Recuerdo hace 6 o 7 años, esperar toda la noche despierto escuchar el Unplugged de Nirvana hasta que amanecía. Como Amelie, solía hacerme preguntas estúpidas del tipo, ¿cuánta gente estará despierta en cama como yo? Finalmente, los primeros rayos de luz alumbraban las penosas vistas de mi habitación, abría la ventana y respiraba ese gélido aire de la mañana. Me sentía como el guardián de el pueblo. Todos dormían (o follaban solo que no era aún consciente de ese acto) mientras yo velaba por ellos.
A veces olvidamos esos pequeños placeres de hacer cosas que nos gustan porque parecen raras al resto. Sin más rodeos el clarísimo ejemplo de mi madre entrando en mi habitación a esas horas intempestivas con cara de Frankenstein preguntándome que coño hacía despierto y vestido con guitarra en mano a esas horas... no volví a hacerlo. A veces me despierto cuando amanece y me limito a sonreír y volver a cerrar los ojos. Es como si algo me despertase para decirme, ''¡eh! que son las 7'' A veces creo que Boddah también me visitó a mi.
Ese pitillo después del acto del amor, obsceno y perverso que te hace pensar y preguntarle a tu pareja ''¡Qué de puta madre es vivir! ¿no? Ese abrazo entrañable con un amigo que hace tiempo que no ves. O ese ''¿Te acuerdas de cuando íbamos a colgar clase al ayuntamiento y comíamos palotes?'' Ese jodido morbo de cuando te hacen un striptease y piensas ''No sé qué voy a hacer mañana ni cómo va mi vida, pero hoy follo sin pagar así que tan mal no está''
Yo, mono de pura rama, he elegido vivir como Rambo (día a día) sin pensar demasiado en las putadas que el mañana pueda tener para mi. He elegido prestar atención a los pequeños placeres para que los grandes vengan ya hechos, como las cosas bonitas. Construye desde abajo, brinda y festeja que ríes, lloras, abrazas, odias y follas. Pues a mi alrededor tengo mástiles de acero con nombres y apellidos que me sostendrán en la caída. Dejaré que el viento me empuje de la nube y el destino prepare mi descenso, pero prometo no volver a maldecir el don de abrir los ojos cada mañana, de volver a casa y encontrar siempre el mismo rostro. No, no volveré a llamar rutina a ese milagro. No volveré a renunciar a nada que me haga sonreír ni estremecer de miedo, porque gracias a todo ello, me siento vivo.
No creo que mi finalidad aquí sea mayor que la de cualquiera, pero sí que aprovecharé el tiempo que me quede para pensar un poco más en mi, y que cuando sea viejo y el árbol en el que estoy esté a punto de derrumbarse pueda decir que he saltado cada pértiga sin miedo, y cuando caí, únicamente miré arriba con una sonrísa y encontré algunas manos ayudándome.
Para ello, dejo aquí un breve cuento que siempre me gustó, y dice así:


Aquel día Sinclair se levantó como siempre a las 7 de la mañana. Como todos los días, arrastró sus pantuflas hasta el baño y después de ducharse se afeitó y se perfumó. Se vistió con ropa bastante a la moda, como era su costumbre y bajó a la entrada a buscar su correspondencia. Allí se encontró con la primera sorpresa del día: ¡No había cartas!
Durante los últimos años su correspondencia había ido en aumento y era una parte importante de su contacto con el mundo. Un poco malhumorado por la noticia de la ausencia de noticias, apuró su habitual desayuno de leche y cereal (como recomendaban los médicos), y salió a la calle.
Todo estaba como siempre: los mismos vehículos de siempre transitaban las mismas calles y producían los mismos sonidos en la ciudad, que se quejaba igual que todos los días. Al cruzar la plaza casi tropezó con el profesor Exer, un viejo conocido con quien solía charlar largas horas sobre inútiles planteos metafísicos. Lo saludó con un gesto, pero el profesor pareció no reconocerlo; lo llamó por su nombre pero ya se había alejado y Sinclair pensó que no había alcanzado a escucharlo.
El día había empezado mal y parecía que empeoraba con las posibilidades de aburrimiento que flotaban en su ánimo.
Decidió volver a casa, a la lectura y la investigación, para esperar las cartas que con seguridad llegarían aumentadas para compensar las no recibidas antes.
Esa noche, el hombre no durmió bien y se despertó muy temprano. Bajó y mientras desayunaba comenzó a espiar por la ventana para esperar la llegada del cartero. Por fin lo vio doblar la esquina, su corazón dio un salto. Sin embargo el cartero pasó frente a su casa sin detenerse. Sinclair salió y llamó al cartero para confirmar que no había cartas para él. El empleado le aseguró que nada había en su bolso para ese domicilio y le confirmó que no había ninguna huelga de correos, ni problemas en la distribución de cartas de la ciudad.
Lejos de tranquilizarlo, esto lo preocupó más todavía.
Algo estaba pasando y él debía averiguarlo. Buscó una chaqueta y se dirigió a casa de su amigo Mario.
Apenas llegó, se hizo anunciar por el mayordomo y esperó en la sala de estar a su amigo, que no tardó en aparecer. El hombre avanzó al encuentro del dueño de casa con los brazos extendidos, pero este se limitó a preguntar:
-Perdón señor, ¿nos conocemos?
El hombre creyó que era una broma y rió forzadamente presionando al otro a servirle una copa. El resultado fue terrible: el dueño de casa llamó al mayordomo y le ordenó echar a la calle al extraño, que ante tal situación se descontroló y comenzó a gritar y a insultar, como avalando la violencia del fornido empleado que lo empujó a la calle….Camino a su casa, se cruzó con otros vecinos que lo ignoraron o actuaron con él como si fuera un extraño.
Una idea se había apoderado del hombre: había una confabulación en su contra, y él había cometido una extraña falta hacia aquella sociedad, dado que ahora lo rechazaba tanto como algunas horas antes lo valoraba. No obstante, por más que pensaba, no podía recordar ningún hecho que pudiera haber sido tomado como ofensa y menos aun, alguno que involucrara a toda una ciudad.
Durante dos días más, se quedó en casa esperando correspondencia que no llegó o la visita de alguno de sus amigos que, extrañado por su ausencia, tocara su puerta para saber de él; pero no hubo caso, nadie se acercó a su casa. La señora de la limpieza faltó sin aviso y el teléfono dejó de funcionar.
Entonado por una copita de más, la quinta noche Sinclair se decidió a ir al bar donde se reunía siempre con sus amigos, para comentar las pavadas cotidianas. Apenas entró, los vio como siempre en la mesa del rincón que solían elegir. El gordo Hans contaba el mismo viejo chiste de siempre y todos lo festejaban como era costumbre. El hombre acercó una silla y se sentó. De inmediato se hizo un lapidario silencio, que marcaba la indeseabilidad del recién llegado. Sinclair no aguantó más:
-¿Se puede saber qué les pasa a todos conmigo? Si hice algo que les molestó, díganmelo y se terminó, pero no me hagan esto que me vuelve loco…
Los otros se miraron entre sí entre divertidos y fastidiados. Uno de ellos hizo girar su índice sobre su sien, diagnosticando al recién llegado. El hombre volvió a pedir una explicación, luego rogó por ella y por último, cayó al suelo implorando que le explicaran por qué le hacían eso a él.
Sólo uno de ellos quiso dirigirle la palabra:
-Señor: ninguno de nosotros lo conoce, así que nada nos hizo. De hecho, ni siquiera sabemos quién es usted…
Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y salió del local, arrastrando su humanidad hasta su casa. Parecía que cada uno de sus pies pesaba una tonelada.
Ya en su cuarto, se tiró en la cama. Sin saber cómo ni por qué, había pasado a ser un desconocido, un ausente. Ya no existía en las agendas de sus corresponsales ni en el recuerdo de sus conocidos y menos aún en el afecto de sus amigos. Como un martilleo aparecía un pensamiento en su mente, la pregunta que otros le hacían y que él mismo se empezaba a hacer: ¿Quién eres?
¿Sabía él realmente contestar esta pregunta? Él sabía su nombre, su domicilio, el talle de su camisa, su número de documento y algunos otros datos que lo definían para los demás; pero fuera de eso: ¿Quién era, verdadera, interna y profundamente? Aquellos gustos y actitudes, aquellas inclinaciones e ideas, ¿eran suyos verdaderamente? ¿o eran como tantas otras cosas: un intento de no defraudar a otros que esperaban que él fuera el que había sido?
Algo empezaba a estar claro: el ser un desconocido lo liberaba de tener que ser de una manera determinada. Fuera él como fuera, nada cambiaría en la respuesta de los demás.
Por primera vez en muchos días, encontró algo que lo tranquilizó: esto lo colocaba en una situación tal, que podía actuar como se le ocurriera sin buscar ya la aprobación del mundo.
Respiró hondo y sintió el aire como si fuera nuevo, entrando en los pulmones. Se dio cuenta de la sangre que fluía por su cuerpo, percibió el latido de su corazón y se sorprendió de que por primera vez NO TEMBLABA.
Ahora que por fin sabía que estaba solo, que siempre lo había estado, ahora que sabía que sólo se tenía a sí mismo, ahora… podía reír o llorar… pero por él y no por otros.
Ahora, por fin, lo sabía: SU PROPIA EXISTENCIA NO DEPENDÍA DE OTROS
Había descubierto que le fue necesario estar solo para poder encontrarse consigo mismo…
Se durmió tranquila y profundamente y tuvo hermosos sueños….Despertó a las diez de la mañana, descubriendo que un rayo de sol entraba a esa hora por la ventana e iluminaba su cuarto en forma maravillosa.
Sin bañarse, bajó las escaleras tarareando una canción que nunca había escuchado y encontró debajo de su puerta una enorme cantidad de cartas dirigidas a él.
La señora de la limpieza estaba en la cocina y lo saludó como si nada hubiera sucedido.
Y por la noche en el bar, parecía que nadie había registrado aquella terrible noche de locura.
Por lo menos, nadie se dignó a hacer algún comentario al respecto.
Todo había vuelto a la normalidad…
Salvo él, por suerte, él, que nunca más tendría que rogarle a otro que lo mirara para poder saberse… él, que nunca más tendría que pedirle al afuera que lo definiera… él, que nunca más sentiría miedo al rechazo…
Todo era igual, salvo que ese hombre nunca más se olvidaría de quién era.
-Y este es tu cuento, Demián -siguió el gordo-. Cuando no tienes registro de tu dependencia frente a la mirada de los otros, vives temblando frente al posible abandono de los demás que, como todos, aprendiste a temer.
Y el precio para no temer es acatar, es ser lo que los demás, “que tanto nos quieren”, nos presionan a ser, nos presionan a hacer y nos presionan a pensar.
Si tienes “la suerte” del personaje de Papini y el mundo, en algún momento, te da la espalda, no tendrás más remedio que darte cuenta de lo estéril de tu lucha.
Pero si no sucede así, si tienes la “desdicha” de ser aceptado y halagado, entonces… estás abandonado a tu propia conciencia de libertad, estás forzado a decidir: acatamiento o soledad; estás atrapado entre ser lo que debes ser o no ser nada para nadie..Y de allí en más…podrás ser, pero sólo, sólo y sólo para ti.


Mr. Violet

martes, 23 de agosto de 2011

Siento decepcionaros...

Y es que siempre me ha preocupado decepcionar a mi entorno o a quién debería confiar en mi. Podría decirse que algo parecido es lo que ha condicionado mi vida en los últimos 2 años... Decepcionar o escupir verdades, actuar con la razón o montar un circo en el que cada día te señalen con el dedo. No lo sé... a veces parece que me he quedado estancado en esa pequeña etapa infantil en la que creemos que todos y cada uno de nosotros somos especiales. Entes creados desde lo alto para cambiar el mundo. Demasiado guapo, demasiado bondadoso... hasta que un día descubres que eres tan miserable como cualquiera elegido al azar. ¿Debería cambiar la trayectoria, verdad? No, eso sería aún más decepcionante y menos típica de este mono que aquí habla.


Recuerdo mi primera decepción... Tenía 10 años y mis padres solían discutir. Un día salí a la calle y encontré en una tienda de discos un recopilatorio de cd's de Queen que costaba 3999 pesetas. A mi padre siempre le chifló ese grupo pero mis ahorros a esa edad eran más bien justos y aquello, se crea o no, para mi edad era una pasta. De allí a 2 días la di ahorrado (ya no recuerdo como pero estoy seguro de que el sexo no había intervenido en mis jóvenes genitales) y fui a la tienda a comprar los 4 cd's. Cuando mi padre volvió a casa del trabajo se lo puse encima de la mesa con una sonrisa de oreja a oreja pero estaba discutiendo con mi madre. Entre tanto grito me fui a acostar esperando que al día siguiente estuviese más relajada la cosa, pero cuando me desperté y fui a coger un yogurt para desayunar los encontré rotos en la basura.
Nunca le pregunté qué había pasado pero aunque resulte triste de confesar, la primera de las decepciones de mi vida fue una provocada por mi padre.


 En mi segunda decepción (ya con bastante más edad) me encontraba ante una chica que me gustaba desde que Isabel II había perdido la virginidad. Nos encontrábamos en una discoteca local y llevábamos 2 semanas hablando. Ya le había dejado caer en alguna ocasión que me gustaba y en uno de esos abrazos tontorrones (esos que los chicos usamos para tocar carne y ver si cuela) va y me entra. Todo sensacional hasta que en mitad de mi sueño mis incisivos empiezan a notar un pelo enrevesado en las susodichas lenguas.
Así fue como mi segunda gran decepción de mi vida fue causada por mi antigua, demacrada y poco agraciada novia.


¿La más reciente?... Por desgracia no se trataría de una sola decepción. Estaría tecleando esto durante horas echando pestes de esa persona que con tanto empeño ha querido joder lo que con mucho esfuerzo he conseguido. Ha habido veces en las que he deseado vivir otra vida, en la que he envidiado a mis amigos y conocidos por tener lo que yo ya no he podido volver a tener... confianza, y es que, lo creáis o no, es jodídamente difícil enmendar las cosas cuando continuamente la persona que te decepciona eres tú mismo.


Con lo que, si intento enviar un mensaje o una experiencia con esto sería algo así como que... no tardé en levantarme de la decepción de mi padre, ni la de mi ex novia de la que ahora me río pensando en cómo pude compartir palabras de amor con ella. La decepción que más cuesta tragar y se queda ahí jodiendo como una espina atravesada es la de uno mismo. 


Resulta curioso que esto lo escriba quién intercala palabra y palabra con un chiste o una sonrisa, pero últimamente, mis queridos A***, O****, M***** y N****... me he aficionado a eso de... decepcionar ; ) Aunque quizá esto se parezca más a una sorpresa...no lo sé. Por algo se empieza.


-Mr. Violet Ape-